miércoles, 24 de marzo de 2010

Censura

Sospechábamos que le habían comido la lengua los ratones. Algunos habían visto salir de su casa a los malditos roedores masticando sin parar, alejándose a lo largo de la calle en sus autos color verde tortuga. Lo que ellos ignoraron era que ella hablaba hasta por lo codos y continuó, por un tiempo, vociferando palabras de reclamos y esperanzas a través de un saco carente de parches y temores. Hasta que, finalmente, ellos regresaron y solo nos quedó su saco sin mangas tirado en la vereda.

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lunes, 22 de marzo de 2010

Lunes otra vez: ¡Adiós, verano!


Feo, feo empezó hoy el día. Una Panamericana llena de autos envueltos en neblina le dio la bienvenida a la semana y al Otoño. Sí, señores y señoras se acabó el verano y llegó la estación que comienza a acortar los días. Época de calles vestidas de amarillo, árboles mutilados y señoras protestonas barriendo la vereda sin parar. Pero por lo general el "21 de marzo" es una burocracia y el primer día no hace honor a la fecha. Si hago un poco de memoria para estas fechas la maestra pedía hojas secas que por lo general todavía no existían para hacer algún collage en el cuaderno. Y sin hacer mucho esfuerzo puedo recordar que un lindo sol y una agradable temperatura nos hizo elegir un atuendo veraniego.

Sin embargo, esta vez, las pruebas que traía mi memoria parecían ser refutadas por un típico "día gris otoñal". Ese típico día que mostraban los dibujos del manual de tercer grado: con mujeres vestidas de piloto, bufanda, paraguas volándose al viendo y cara de "¡oh! qué frío hace". Algunos desprevenidos de remera se quejaban en silencio por el clima que los había agarrado distraídos y otros bien abrigados se hacían envidiar sin problemas sabiendo que iban a estar cómodos durante todo el día...

¿Durante todo el día? No, mi memoria no falló! Cuando salí de la facultad (ex fábrica sin ventanas y lugar donde hay un microclima) un sol radiante y una temperatura agradable hizo que no pudiera refutar mi teoría. Y sí, tuve que sacarme el abrigo y aguantar que los "desprevenidos sin remera de la mañana" se burlaran en silencio de mi derrota (no hay nada más incómodo, por lo menos para mí, que cargar con el saco que ya no vas a volver a usar en todo el día). Al menos se esperan algunos cálidos días que tanto me gustan y me ponen de buen humor aunque la fecha indique que hasta fin de año ¡no hay más verano!

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jueves, 18 de marzo de 2010

Instrucciones para despertarse


Piense en sus obligaciones, no le conviene dejarlas de lado. Si su reloj biológico está averiado o no se adecua a las exigencias de la rutina, utilice un elemento externo que corrompa su sueño o pesadilla. Interrumpa su pasión por los campos de algodones y postergue la cita con su cantante favorito: un café cargado y el periódico lo esperan con un torrente de esperanzadas noticias. Sálvese de quien lo asecha: el corazón latirá fuerte por un momento pero el olor al mismo café cargado le indicará que no corre peligro.

Una vez recibido el impulso debe abrir los ojos. Si esto no funciona y sus pestañas superiores insisten en continuar pegadas a las inferiores, incorpórese para poder resistirse a lo que la modorra le pide. Resístase a caer en la tentación de “hacer fiaca”, puede provocarle un sueño profundo que a su vez causará un desajuste en sus quehaceres diarios. Un procedimiento eficaz para dejar la pereza de lado es cerrando los puños bien fuerte, estirando los brazos hacia arriba y emitiendo un fuerte bostezo que además facilitará una “especie de afinamiento” de las cuerdas vocales.

Para completar el proceso, lave su cara con agua fría, quítese las lagañas que le impiden ver las cosas con claridad, siga el camino que dibuja el olor del café hasta que éste se haga bien intenso y sienta la taza caliente que está entre sus manos. Ya está desayunando. Eso significa que ha logrado despertarse. No se preocupe si todavía tiene fresco el reconfortante sueño o el sentimiento de terror de la pesadilla: a media mañana solo tendrá un recuerdo vago de los mismos. Pero solo con ese recuerdo sin detalles, solo con aquellas sensaciones, podrá soportar el transcurso del día y reír o sentir escalofríos cuando reaparezca en su mente alguna imagen que vio con los ojos cerrados en el transcurso de la noche. Recuerde con tranquilidad que esa imagen asesinada por un insensible despertar reaparecerá siempre con diferentes personajes, formas, colores y olores no solo durante las noches sino que se la verá también a plena luz del día viajando en un avioneta que dibuja garabatos en el cielo mientras le avisa la importancia de nunca dejar de soñar despierto.

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lunes, 15 de marzo de 2010

Lunes otra vez: Facu otra vez

Hoy el despertador sonó a las 6:30. Hacía bastante que no lo escuchaba a esa hora y (por supuesto) lo odié. No hubo excusas y tuve que curarme en un instante de mi enfermedad crónica "cinco minutos más" gracias al clásico "Meeeechi ¿estás despiertaaa?" que me hizo saltar de la cama. (Casi) Todos dormían en casa, estaba bastante fresquito por la época del año y yo ¡levantándome a esas horas un lunes! Con nostalgia me despedí de mi cama y entre bostezos logré bajar las escaleras para luego por fin traspasar la puerta hacia afuera a las 6:50 de la mañana. Ya sé, "fueron tres meses de vacaciones", "no te quejes" y "bla bla bla" pero en mí no existe estar "fresco como una lechuga". Suena el despertador, se terminan las vacaciones y los miles de bostezos hacen marchitar la hoja de la lechuga de inmediato.

En la parada me esperaba el mágico verde "Rápido a Puente Saavedra", el constante "hay cambio, hay monedas", diferentes filas de gente esperando (solo unos pocos hablando) o caminando apresurada hacia paradas y colectivos. Al fin pude sentarme para darme cuenta que me había olvidado el mp3 ¡viajando un lunes a las 7 de la mañana y sin mp3! Al menos no estaba viajando parada, diría una vieja. La falta de música me obligó a practicar uno de mis deportes favoritos: mirar. Todos con cara de Lunes. Todos. Desde la chica que leía atentamente una novela en el asiento de al lado hasta el nene sentado en el asiento trasero de un auto al que yo veía desde arriba. ¡Qué bajón! pero por lo menos no soy la única, pensé.

Por fin aterricé en frente del Parque Centenario. "Lunes, lunes, maldito lunes", no paraba de repetirme a mí misma.Y sí, volvió la facu y con ella los viajes interminables en el vueltero "15", las cabeceadas en el colectivo, las lecturas apresuradas, las metódicas escrituras al margen de las fotocopias, los resaltadores de colores, las insoportables fichas de los teóricos, los trabajos en grupo, el estrés de los parciales, las paredes atestadas de pancartas y afiches, las aulas con ventanas abiertas en toda estación...

Tati me esperaba sentada en un escritorio del pasillo... abrí el celular y tenía un mensaje suyo: "ya llegué amiga, estoy en el primer piso"... todo estaba igual que siempre y el lunes ya no tenía un tono más amistoso que se evidenció con un abrazo de amigas que no chusmeaban hace bastante. El alfajor con mucho dulce de leche que comimos entre clases terminó de cerrar con onda la mañana.... Y sí, volvió la facu pero también volvieron las incansables charlas con las chicas; los alfajores (o medialunas) a media mañana, las conversaciones escritas en clase; los cuadernos llenos, llenos de apuntes; las materias que nos gustan más (o menos); volverá la adrenalina de rendir (que nunca se disfruta pero ... ¡qué geniales son las siestas pos-parciales! ), los (para mí) divertidos y constructivos chats pre-parciales; estudiar en grupo mientras comemos galletitas dulces a lo bestia, nuestras típicas crisis que ya se asoman... y esperar que al final del cuatrimestre hayamos aprendido un poco más de algunas tantas cosas.

A no hacerse problema (miren quién lo dice), ¡porque lo mejor y lo peor del cuatrimestre es que queda toda la cursada por delante!

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sábado, 13 de marzo de 2010

¿Más vale malo conocido que bueno por conocer?

Desde chico le llamaron la atención las luces. Pero por esos años los días se habían vuelto oscuros y duros. El terror de la población hacia lo iluminado había producido una ceguera masiva. Generó que ya no se aventuraran a mirar más allá de sus sombras. Pero para él las consecuencias fueron más severas que para el resto: una profunda pobreza y tener que practicar de contrabando el arte de cambiar y prender lamparitas. No entendía cómo se podían perder todo eso. El problema era que al hacerlo a escondidas, él tampoco podía descubrir mucho: solo unas cuantas miserias, muchos trapos sucios y si tenía suerte, alguna pepita de oro. En fin, era el mundo en el que le había tocado vivir y hasta ya había hecho amigos y todo.

Una noche (es decir, cuando todos dormían, porque allí siempre era de noche) se aventuró a salir con su linterna a buscar bichitos de luz por las praderas azules. Pero de repente, y como en seco, la linterna dejó de funcionar. Algo fuera de lo común ocurría. No tenía miedo porque estaba acostumbrado a la inseguridad constante de la oscuridad y sin embargo, escuchaba el latido de su corazón tan fuerte como cuando alguien lo asecha en silencio. Un instante después, esa incertidumbre se convirtió en una luz tan clara con la que podía ver todo pero en realidad no distinguía nada. Alguien lo llamaba en un idioma que no entendía, había una especie de puerta, y dentro de ella una especie de persona. Su vista lo engañaba, sus oídos también, pero siempre le gustaron las luces y ese hallazgo era mucho más que el mejor de los diamantes. Mientras tanto, atrás todo estaba igual: seguían ciegos, sin registro de lo que pasaba. Él confiaba en su pasión y a la vez, anhelaría lo que dejaba, pero no pudo resistirse a dar un paso adelante para curiosear acerca de eso que tanto lo asombraba. Quién dice, quizás haya encontrado no solo la abolición del arte de prender lamparitas sino también algunas otras nuevas luces de colores.

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domingo, 7 de marzo de 2010

Domingo eterno

Muy confundido, esa mañana helada y gris de julio, levantó con cierta liviandad el diario del domingo. Muy confundido, pensó si realmente era domingo. El ruido a lo lejos de la avenida principal señaló que no podía dejar de ser un lunes otra vez, pero sin embargo era domingo. Todo era extraño esa mañana, todo era insulso: el café no tenía gusto a nada, parecía estar frío, como si no tuviera sentimientos. Más desconcertado abrió el diario en una página que no era de su agrado, la leyó, como sin querer leerla, y ante su sorpresa intentó en vano escupirlo todo: era su propio obituario. Y sí, de ahora en adelante siempre será domingo para él, aunque las risas de la ahora más pálida ciudad indiquen que es lunes otra vez.

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viernes, 5 de marzo de 2010

Autorretrato



A veces pienso que sería interesante que nuestro nombre se vaya mimetizando con la personalidad para que cada vez que tengamos que presentarnos, él diga todo por nosotros y no tengamos que explicar dónde nacimos, cuál es nuestra comida favorita, qué libro volveríamos a leer. Pero en realidad “¿Qué es un nombre? La rosa no dejaría de ser rosa y de esparcir su aroma si se llamase de otro modo”[1] dijo alguna vez Julieta y la verdad que tiene razón. Es por eso que, a pesar de que me cueste, voy a tener que retratar otros aspectos sobre mí y creo que los primeros trazos del dibujo son los siguientes...

Una de las cosas que más me acuerdo de cuando era chica es que me costaba dormir a la noche. Ahora suele pasarme. Pero en ese momento era peor porque las horas se pasaban lentamente; los ruidos, los miedos, todo se volvía enorme; eso hacía que estuviera en guardia  y que no pudiera contar ni una ovejita. Fue en esos momentos en los que me acompañó una nena que siempre será una nena en blanco y negro que luce un gran moño acompañando su espesa cabellera negra. Ella tiene preocupaciones de grande; sus amigos la tildan de pesimista pero en realidad se autodefine como realista; hace preguntas que no sé si tienen respuesta; odia la sopa pero adora la primavera, siempre sonríe mientras escucha y baila las canciones de Los Beatles; y como tiene la esperanza de que todo mejore se amarga cada vez que lee el diario o escucha la radio. A veces es triste pensar que todavía existe lo que ella describía con sus comentarios ocurrentes.

Mamá solía regalarnos y llenar nuestra biblioteca de libros. Gracias a eso, antes y después de Mafalda llegaron a mis manos y a mis oídos cuentos que me enseñaron a escribir historias en mi mente que quizás sólo tenían sentido para mí, pero con eso bastaba. Sin embargo, los relatos que más me impactaron y me llegaron al corazón fueron los que me regaló Rosana. Ella no regala cualquier libro así porque sí, hay un sentido detrás de ellos y lo iba entendiendo a medida que los leía. La verdad que cuando uno es chico y espera un regalo, un libro no es lo que más desea pero de ella no me molestaba. Supo transmitirme cada historia en la edad adecuada. “El día que te conocí estabas leyendo, sin saber leer, un cuento de una ranita”, me cuenta con su voz suave y tranquila cada vez que hablamos. Una historia que es linda creer pero que no sé si es uno de esos mitos que comentan los grandes cuando uno va creciendo.

En ese mundo vivía yo cuando, creo, tuve el primer choque con la realidad. Dejé el colegio de barrio, el que me había aguantado tantos años, el que yo creí que me conocía tanto, el que me brindó una hermana del alma que soportó cada uno de mis caprichos, para ingresar a un gigante lleno de gente que no conocía. El primer día de clases fue horrible pero por suerte esa sensación duró solo la primer mañana. Ya no tenía tanto tiempo para volar con mis historias pero fueron reemplazadas por otras cosas como aprender a pensar, a defender mis ideas, a opinar, a respetar lo que los demás piensan, a reírme de mí misma y sobre todo a descubrir otros aspectos de mí que tenía bastante guardados. Finalmente, el gigante ya no fue tan grande, resultó bastante acogedor y gracias a él atesoro las más grandes amistades de mi adolescencia.

Los trazos del dibujo se hacen más inseguros cuando llego al presente. Ahora estoy empezando a vivir otra realidad que creo es una mezcla de las dos realidades anteriores pero esta vez las decisiones dependen de mí. Me cuesta venir a la ciudad gris a estudiar pero por suerte siempre encuentro algún balcón verde y florido. ¿Mis sueños, lo que me gustaría ser cuando sea más grande? Eso sí que es un gran garabato que está pero todavía me falta descubrir qué significa cada color. El dibujo queda incompleto. A pesar de eso sé con seguridad que si alguna vez la vida se vuelve un poco “quieta, quieta como una galleta”[2], voy a esperar, como sin esperando, sentada en el jardín, así como hizo la Princesa Suquimuqui[3], que algún Quinoto Fucasuca[4] pelee para que pueda jugar y bailar de nuevo. Igualmente, por las dudas, todos los jueves saco a pasear por la vereda a mi malvón para encontrar un día en la puerta de casa un Dylan Kifki[5] que me ayude a no dejar nunca de construir “Castillos en el aire”[6].


[1] William Shakespiare, Romeo y Julieta, Buenos Aires: Cántaro, 1998.
[2]María Elena Walsh, “Historia de una princesa” en Cuentopos de Gulubú, Buenos Aires: Alfaguara, 2008
[3] Personaje del cuento “Historia de una princesa” Ver ref.2
[4] Personaje del cuento “Historia de una princesa” Ver Ref. 2
[5] María Elena Walsh, Dylan Kifki, Buenos Aires: Editorial Sudamericana, 1986
[6] Cuento Popular, Castillos en el aire, adaptación de Ángela Simonini, Buenos Aires: Editorial Atlántida, 1991.



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jueves, 4 de marzo de 2010

Ventanas de papel que miran hacia paisajes de tinta


“Agarré un cuaderno, me senté en algún lugar de la casa

mirando un punto fijo y me dije a mí misma: pensá.

Pero resultó ser que el punto fijo era una ventana…”




Mirá qué vivas las hormigas cómo se transportan del árbol hacia la casa a través de esos cables, es su autopista directa y no se ve ningún embotellamiento: van por uno y por vuelven por el otro. No, no, no pienses en eso pensá en el nombre. Ah! Cierto, el nombre…pero ¿estas hormigas caminarán por esos cables de noche también? Bueno, por nuestras autopistas andan los autos de noche pero, ¿para qué se quiere transportar una hormiga de noche?… y dale con insistir con

ese punto fijo para pensar, mirá para otro lado, así vas a seguir distrayéndote. Yo no sé si seguirán transitando por ahí las hormigas de noche, pero de día tienen una vista tremenda, ¿no ves? desde ahí sí se podría pensar en un nombre, con semejante paisaje que sirva de inspiración… Mejor lo dejo para más tarde, acá no se puede pensar. ¡Ya estás buscando excusas! Estás sentada acá, no tenés otro paisaje que mirar. Si tuvieras otra vista, dirías que tantas cosas te abrumarían para pensar. Cerrá los ojos y ¡Listo! Bueno, bueno, no puede una sentarse a mirar las hormigas que ya la están retando… además es imposible dejar de mirarlas porque se mueven de manera unifo

rme y todas son iguales. Fijate que si querés obvservar cómo solo una de ellas camina de punta a punta, te perdés ¡está buenísimo! Pero no me interesa mirar eso, querida, hoy nuestro objetivo era pensar un nombre que tenga que ver con nosotras y que suene musical, con estilo… no era mirar por la ventana detalles que no nos inspiran. Pero tranquila… ¡no pasa nada! Vos disfrutá de la vista y ya algo se nos va a ocurrir… Pero siempre lo mismo vos, sos una vag

a, así no llegamos a ningún lado. Ya me estás agrediendo *^&%$@... Vos no me agredas, querida, así no llegamos a ningún lado… Pará, ya está, ya se me ocurrió. ¡Qué genia! Mirá por la ventana y te vas a dar cuenta. No, nena, eso que estás pensando como tu gran genialidad se me había ocurrido a mí primero ¿quién es la que está mirando por la ventana hace rato y quién la que está ignorando la buenísima vista que tenemos ante nuestros ojos hace rato? Ya empezamos de nuevo, vos estabas papando moscas, no estabas mirando la ventana…



Porque me gusta espiar los detalles y las generalidades de las vistas que ofrecen varias ventanas de papel nació Paisajes de tinta*, un lugar donde todas aquellas cosas simples que veo pueden mezclarse y convertirse en una tremenda vista panorámica …o en un semejante cocoliche.




*Paisajes de tinta es una creación exclusiva de mis vocecitas internas que la mayor parte del tiempo se la pasan pelando y arman escándalos. Todos los derechos reservados.


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lunes, 1 de marzo de 2010

Lunes otra vez: dibujándole otra cara al primer día de la semana

Lunes. Pobre lunes, la verdad, no es una palabra muy atractiva que digamos. Yo pienso en lunes y bostezo, me da fiaca y más ganas de quedarme durmiendo un ratito más que los demás días. La gente en los colectivos tiene cara de lunes: ojos entrecerrados, bostezos constantes y de “otra vez empezamos con lo mismo”. A pesar de la antipatía que producen estos días, creo que los lunes también son amigos de los comienzos (palabra un poco más esperanzadora o por lo menos que trae más expectativas o más ganas de pensar ¿y mañana qué pasará?): los lunes se empieza el colegio, la facu, se vuelve a trabajar (y a mirar en la agenda qué toca hacer esta semana) y las publicidades en la tele nos dicen que se empieza la dieta!

Hoy, además, no es un lunes cualquiera, hoy es “lunes 1º de marzo”. Es decir, no solo es el primer lunes de marzo sino que es el primer día del mes. Podría decirles que es un principio del mes muy prolijo y que sigue los estándares de los comienzos: llegó nada más y nada menos que un bendito “lunes”. Sí, es verdad, eso lo hace más llamativo y me resulta simpático. Por eso, decidí que este comienzo de semana no tuviera una “cara de lunes” con ojos entrecerrados y bostezos sino que empiece con un “¿y mañana qué pasará?” que desde hoy se llama Paisajes de tinta donde quiero mostrarles cómo veo varias cosas con mis ojos observadores, curiosos y chusmas.

Es verdad, es lunes y tengo mucha fiaca. Tengo dormido el hábito de sentarme a escribir y me quería quedar descansando un ratito más, unos días más, pero miré el almanaque y vi algo me llamó la atención. Quizás porque me gusta que los meses empiecen prolijos, quizás porque las ganas de escribir superaron a las de quedarse en la cama o quizás porque, simplemente, es lunes que es muy amigo de los comienzos (que a su vez traen expectativas, un rico olor a nuevo y algunas sonrisas). Valió la pena levantarse y espero poder cambiarle la cara a los próximos “Lunes otra vez” que nos persigan (o que persigamos). Porque lo mejor y lo peor del lunes es que queda toda la semana por delante.

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