miércoles, 21 de marzo de 2012

¿Mucha merd?


Muchos de los habitantes de la ciudad de Buenos Aires, como en otros lugares del país y del mundo, viven en unas cajas de cemento apiladas una sobre la otra. Es verdad que existen departamentos extensos, con balcones y ventanas que hacen de él un espacio luminoso y confortable pero estas características no los hace parecerse a una casa: no hay pasto, no hay patio y se llega en ascensor. A pesar de vivir en estas condiciones, los habitantes de la ciudad deciden tener mascotas, deciden tener perros que a veces superan las proporciones del espacio hogareño. Es por ello que dentro de los cuidados que deben sumistrarles a sus amigos pichichos incluyen la famosa "sacada a pasear al perro" para que haga sus necesidades y camine en un espacio más amplio que unos limitados metros cuadrados. La norma general  dentro del código de convivencia vecinal establece que los "amos" deben sacar a sus mascotas con una bolsa de consorcio para levantar los restos de sus necesidades depositados en la vereda, sin embargo, hay diferentes actitudes tomadas en cuanto a esta regla. Y a partir de estas conductas es de donde sustraigo la siguiente clasificación de razas de "amos de perros":


El limpio amigable: es la raza cuya principal característica es que cuando el perro termina de hacer sus necesidades, toma una bolsa, se pone en cuclillas y se dispone a levantar la caca con una razonable cara de asco y resignación para arojarla en apresuradamente en el primer cesto de basura que encuentra. 


El sucio "distraído": es aquella raza que mientras camina con el perro va tanteando a los vecinos y peatones. Con frecuencia elige el lugar donde el perro debe descargarse: sus principales opciones son la vereda de una casa abandonada, de un estacionamiento o de la vieja molesta de la cuadra ("para que tenga algo de qué quejarse", argumenta). Además suele tirar un poco de la correa para que el perro se apresure y silbar algún tanguito mientras mira hacia la copa de los árboles. Pero su principal característica es que utiliza todos estos rodeos para dejar los olorientos restos de sus fieles "amigos" en el mismo lugar donde fueron depositados por la mascota provocando así que los próximos transeúntes distraídos que pasen por allí sientan el desagradable perfume durante el resto de su jornada diaria. 


El sucio impertinente: Esta raza se parece a la anterior en el punto principal que consiste en dejar la "torta" sobre la vereda pero se diferencia en que no lo disimula. Por lo general son los que poseen los perros más grandes. Caminan por la calle con cierta autoridad, tirados por la fuerza de un perro que los domina, frenan cuando este se sienta y corren agitados cuando la mascota se los ordena de un tirón. Tal es su grado de impertinencia que se ha llegado a registrar un espécimen de esta raza paseando a su enorme perro-caballo y vistiendo una campera verde manzana con las inscripciones y el logo de Jugá Limpio. En lo que duró el acto de desprendimiento del gran paquete el señor habitante del barrio de Constitución jugó bien sucio sobre el zapato y el ánimo del hombre que venía unas cuadras detrás. 


Estas dos últimas especies son las más odiadas por los peatones de la ciudad. Gracias a ellos no se puede caminar distraídos, hay que circular mirando el suelo y aguantársela cuando se siente que el zapato ingresa en una sustancia chocolatosa, flexible y olorosa. Sí señora, es lindo tener un perrito que le salte y le haga fiesta cada vez que llega a su casa. Sí señor, es una alegría verlo cómo lo acompaña en sus momentos de soledad. Si, ya sé, tu hijo está feliz con su mascota nueva pero en dos semanas se cansó de pasearlo y por eso ahora le toca a usted la parte fea ¡Jodasé!. Como dicen por ahí "si te gusta el durazno, aguantate la pelusa"... y levantá la mierda. ¿Qué decís? ¿Que trae suerte, dinero? No te creo, a esta altura tendría que ser millonaria.

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