Entradas

Mostrando entradas de 2010

Ideas en busca de un rayo de luz

Imagen
"La inquietud que producen esos recuerdos – o ese tema, ese germen de la historia que regresa- se debe a que misteriosamente significa algo más, de que es algo así como un brote cuya raíz nace en nuestras sensaciones, nuestra imaginación, en experiencias pasadas, para establecer con nosotros una conexión especial y misteriosa." Gloria Pampillo Alguna vez alguien lo plantó al lado de una ventana. Seguramente el techo inoportuno de alguna galería fue lo que hizo que se distinguiera entre todos los demás. Sin embargo, eso no lo imposibilitó a la hora de cumplir su principal objetivo: vivir. Al parecer el agua nunca le faltó, sin embargo, en todo momento tuvo sed de lluvia y de otras cosas más. El problema siempre fue el mismo y es que los hilos de luz provenían de un solo lado. Ya hace muchos años que la primera de sus pequeñas ramas decidió seguir esos rayos y se animó a pasar la frontera. Enseguida las demás la siguieron y juntas comenzaron a hacerse dueñas de la ventana...

Siesta inoportuna

Cuando el bullicio y los cuchicheos comenzaron a convertirse en carcajadas, cuando sintió las miradas clavadas en su cabeza y escuchó lejos, pero cada vez más cerca y claro su apellido, despertó sobresaltado. Al levantar la cabeza advirtió que detrás de ese barullo producido por las risas, el dinosaurio quieto, serio lo acechaba manifestando su disgusto mediante sus ojos intensos, sus cejas enojadas y sin decir una palabra. Luego de una angustiante breve pausa, atacó con su pregunta y a pesar de que él nuevamente no contestaba, ella todavía seguía allí, como siempre, con sus arrugas verdes, su voz chillona repercutida por las clases, su implacable letra de cuaderno de caligrafía, llevando en su espalda con mucha dignidad algunas burlas. Todavía estaba allí contando historias de la Historia, mientras él, todo colorado, miraba su reloj e intentaba que los minutos pasaran rápido para que alguna campana lo salvara.

Sólo la historia de un enredo

Mientras recita su canción favorita, salta la cuerda una y otra vez por el caminito que la lleva hacia la puerta. Cada mechón del pelo lacio y largo hasta la cintura salta al compás de sus melodías y se alborotan al sentir las ráfagas de viento seco que viene del norte. Por fin sus pies la llevan a la casa y apenas entra ve la nota. "Buscá el vestido que tanto te gusta, desenredate el pelo y peinate con una trenza cocida. Vamos a lo de la tía, yo salí a buscar a la abuela, enseguida te paso a buscar. Mami". Repasa en cada paso sus tres deberes "vestido, desenredarse y trenza, vestido, desenredarse y trenza". El vestido es cosa muy sencilla, sin darse cuenta, está dando volteretas con su cuerpo y hace remolinos de viento que acarician el aire con su pelo, sí, al parecer, algo enredado. Toma y mira el peine verde un poco desganada ¿por qué para ir a lo de la tía Rosa tenía que desenredarse el pelo, si así estaba perfecto? En fin, tiene que seguir el segundo co...

Tormenta de ideas

Hubo un instante durante esa tarde lluviosa de otoño en el cual la idea pudo estirar las patas en ese escenario gris y desfilar su piloto fluo, reluciente, impactante, reconfortante. Pero el viaje fue largo y cuando la tarde se convirtió en noche ella se transformó de mi idea más brillante al mayor de mis problemas. De un momento a otro, así como apareció, pudo rápidamente escabullirse entre el tumulto de camperas mojadas. Mi mayor incertidumbre era no saber si se había quedado ahí escondida, en el escenario sobre ruedas, repleto de cansancios, vacío de esperanzas aparentes e inundado de una contaminación sonora que me impedía pensar en algo que no fuera ese repertorio de melodías pegadizas, o si simplemente se había ido volando aterrada por el contraste de la situación. Esta era la foto: ella fugada, y yo allí, encerrada queriendo salir a pegar carteles de “se busca: se ofrece recompensa”, apenada por su partida. Otra vez me pasaba lo mismo: allá arriba estaba segura de que existía un...

Costumbres de colectiveros*

Fans Un admirador espera y espera una mañana fría en una esquina al colectivero. Sabe que pasará como todos los días a la misma hora. Con el correr de los minutos van llegando más admiradores y se acomodan de manera ordenada, aunque algunas a veces no tanto, uno detrás del otro. Todos asoman la cabeza ansiando la llegada del colectivero. El primer admirador tiene en sus manos unas monedas y unas carpetas; el segundo tiene las monedas en el bolsillo y en las manos los guantes (o los guantes en las manos); el tercero, las manos en los bolsillos y las monedas en el monedero. El primero asoma la cabeza y allí viene el colectivero. Al admirador le late el corazón fuerte de alegría y emoción, le sudan las manos de nervios y las monedas parecen resbalarse. ―  ¡Hoy sí llego temprano al trabajo! –exclama por dentro mientras levanta su mano con gran entusiasmo para que el colectivero note que él está allí como todas las mañanas, esperándolo. Pero la ilusión del admirador se desvanece: el col...

El que busca, ¿encuentra?

Madre (con cara de enojada) e hija con sonrisa de lata se dirigen hacia la parada del colectivo del Hospital Naval. La nena sonreiría mas si los metales que sujetan sus dientes se lo permitiesen. Hace preguntas de manera simpática, pero el mal humor de la madre domina la escena.  Ya una vez en la fila del colectivo se escucha que conversan: ―  No sé. No sé en qué momento te voy a comprar eso ahora - dice la mamá como si pensara en voz alta. ―  Ma,  ¿qué colectivo nos tenemos que tomar? - pregunta la hija con un tono dulzón de yo no hice nada. ―  El 112, Camila . Sí, el 112 porque así nos bajamos en Álvarez Thomas y te compro eso en una farmacia que está ahí en la esquina - continúa la mamá como pensando en voz alta. ―  Ay, espero que no tarde mucho porque sino me aburro demasiado y no quiero - comenta la niña como si estuviera participando de una conversación diferente (o evadiendo un reto que se veía venir) mientras mira detenida y exageradamente los...

¿Tanto lío por eso?

El ruido a portazo feroz se metió por un momento en su sueño, pero inmediatamente se dio cuenta de que se trataba otra vez de lo mismo. Los gritos graves y las contestaciones en llanto agudo eran la señal: debía esconderse debajo de la cama. Ella no lo estaba viendo, de hecho nunca lo habían hablado, pero sabía que lo hacía y no esperaba mucho menos de su hijo. Él esperaba impaciente que la serenata de insultos terminara para que alguno de sus sueños continuaran su curso en el lugar donde generalmente se crean y no debajo. Desde hacía algunos meses se había hecho más frecuente la visita nocturna al escondite. Fue por eso que para esa época había mejorado su estrategia: no solo se resguardaba en la oscuridad de la cama sino que la tendía cuidadosa y, a la vez, rápidamente para aparentar que no estaba durmiendo en casa. Esa noche, entonces, no fue la excepción: abrió los ojos en vano, tendió la cama a ciegas, se tiró de panza al suelo y se deslizó hacia una oscuridad más acogedora. El o...

Censura

Sospechábamos que le habían comido la lengua los ratones. Algunos habían visto salir de su casa a los malditos roedores masticando sin parar, alejándose a lo largo de la calle en sus autos color verde tortuga. Lo que ellos ignoraron era que ella hablaba hasta por lo codos y continuó, por un tiempo, vociferando palabras de reclamos y esperanzas a través de un saco carente de parches y temores. Hasta que, finalmente, ellos regresaron y solo nos quedó su saco sin mangas tirado en la vereda.

Instrucciones para despertarse

Piense en sus obligaciones, no le conviene dejarlas de lado. Si su reloj biológico está averiado o no se adecua a las exigencias de la rutina, utilice un elemento externo que corrompa su sueño o pesadilla. Interrumpa su pasión por los campos de algodones y postergue la cita con su cantante favorito: un café cargado y el periódico lo esperan con un torrente de esperanzadas noticias. Sálvese de quien lo asecha: el corazón latirá fuerte por un momento pero el olor al mismo café cargado le indicará que no corre peligro. Una vez recibido el impulso debe abrir los ojos. Si esto no funciona y sus pestañas superiores insisten en continuar pegadas a las inferiores, incorpórese para poder resistirse a lo que la modorra le pide. Resístase a caer en la tentación de hacer fiaca, puede provocarle un sueño profundo que a su vez causará un desajuste en sus quehaceres diarios. Un procedimiento eficaz para dejar la pereza de lado es cerrando los puños bien fuerte, estirando los brazos hacia arriba y e...

¿Más vale malo conocido que bueno por conocer?

Desde chico le llamaron la atención las luces. Pero por esos años los días se habían vuelto oscuros y duros. El terror de la población hacia lo iluminado había producido una ceguera masiva. Generó que ya no se aventuraran a mirar más allá de sus sombras. Para él las consecuencias fueron más severas que para el resto: una profunda pobreza y tener que practicar de contrabando el arte de cambiar y prender lamparitas. No entendía cómo se podían perder de todo eso. El problema era que al hacerlo a escondidas, él tampoco podía descubrir mucho: solo unas cuantas miserias, muchos trapos sucios y, si tenía suerte, alguna pepita de oro. En fin, era el mundo en el que le había tocado vivir y hasta ya había hecho amigos y todo. Una noche (es decir, cuando todos dormían, porque allí siempre era de noche) se aventuró a salir con su linterna a buscar bichitos de luz por las praderas azules.  De repente, y como en seco, la linterna dejó de funcionar. Algo fuera de lo común ocurría. No tenía mied...

Domingo eterno

Muy confundido, esa mañana helada y gris de julio, levantó con cierta liviandad el diario del domingo. Muy confundido, pensó si realmente era domingo. El ruido a lo lejos de la avenida principal señaló que no podía dejar de ser un lunes otra vez, pero, sin embargo, era domingo. Todo era extraño esa mañana, todo era insulso: el café no tenía gusto a nada, parecía estar frío, como si no tuviera sentimientos. Más desconcertado abrió el diario en una página que no era de su agrado, la leyó, como sin querer leerla, y ante su sorpresa intentó en vano escupirlo todo: era su propio obituario. Y sí, de ahora en adelante siempre será domingo para él, aunque las risas de la ahora más pálida ciudad indiquen que es lunes otra vez.

Ventanas de papel que miran hacia paisajes de tinta

Imagen
Agarré un cuaderno, me senté en algún lugar de la casa  mirando un punto fijo y me dije a mí misma: pensá .  Pero resultó ser que el punto fijo era una ventana. *** Mirá qué vivas las hormigas cómo se transportan del árbol hacia la casa a través de esos cables, es su autopista directa y no se ve ningún embotellamiento: van por uno y por vuelven por el otro .  No, no, no pienses en eso,  pensá en el nombre .  Ah! Cierto, el nombre. Pero ¿estas hormigas caminarán por esos cables de noche también? Bueno, por nuestras autopistas andan los autos de noche pero, ¿para qué se quiere transportar una hormiga de noche?  Y  dale con insistir con  ese punto fijo para pensar, mirá para otro lado, así vas a seguir distrayéndote.   Yo no sé si seguirán transitando por ahí las hormigas de noche, pero de día tienen una vista tremenda, ¿no ves? desde ahí sí se podría pensar en un nombre, con semejante paisaje que sirva de inspiración. Mejor lo dejo para más t...

Instrucciones para espiar este paisaje

1. Abra la ventana cuidadosamente porque pueden escaparse algunas palabras rebeldes.  2. Respire la brisa que entra por la misma e intente dejar el mosquitero cerrado para no tener problemas con una mosca inquieta que quiera meterse en su boca.  3. Observe con ojos de búho cada detalle y no olvide leer con corazón de melón. No vale cerrar nunca los ojos, pero sí se puede llamar a las vocecitas internas que rondan en su cabeza para que opinen acerca de lo que espía con curiosidad.  4. Si se asusta o hace mucho frío puede cerrar la ventana (recuerde que estas ventanas no tienen bisagras sino una cruz roja arriba a la derecha). Pero si le gustó (o no), quedó enojado, feliz, triste o con ojos de alpiste, conviértase en un experto paisajista y anímese a comentar.  5. Recomiendo, ahora sí, sacar el mosquitero para que una pizca de moscas inquietas revuelvan con un movimiento envolvente sus ideas.  6. Recuerde siempre abrir de vez en cuando este paisaje de tinta porq...